La justicia Federal comprobó que a metros del estadio “Juan Carmelo Zerillo” funcionó, en la última dictadura civico-militar, un centro clandestino de detención y tortura (CCDyT) por el cuál pasaron más de 300 victimas.
El jueves pasado, el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata, leyó el veredicto de la causa que enjuició a 13 acusados y en donde se comprobaron los crímenes ocurridos en las instalaciones de la Brigada de Infantería y la Dirección de Caballería de la policía bonaerense, ubicada en la intersección de las calles 1 y 60 de nuestra ciudad, y en las comisarías 2da y 8va.
Desde ahora caminar por el Bosque rumbo al Estadio no va a ser igual, ya que luego de casi 3 años de juicio se logró comprobar que en las instalaciones de la Brigada de Infantería y la Dirección de Caballería de la policía bonaerense, funcionó un CCDyT en los años setenta. Por allí, entre marzo y diciembre de 1976, pasaron más de 300 víctimas.
Dicho centro fue el primer eslabón del plan represivo montado por las fuerzas armadas y de seguridad en La Plata, funcionó al inicio de la dictadura y cumplió la tarea de ser un lugar de distribución de detenidos, ya que allí se llevaban a las personas que luego podían ser ingresadas al llamado “Circuito Camps” o ser legalizadas y trasladadas a la Unidad N°9.
Los testimonios
“Estábamos por calle 1, después lo confirmé cuando jugó Gimnasia, porque se escuchaba a la noche los cantos de la hinchada” (Testimonio de Antonio Amuchástegui)
A lo largo del juicio se escucharon decenas de relatos de personas que por primera vez en cincuenta años pudieron dar cuenta de los padecimientos sufridos en aquella dependencia estatal.
Un testimonio clave en el proceso judicial fue el de Federico Antonio Amuchástegui, reconocido hincha tripero, perteneciente a una familia muy vinculada a nuestra institución que sufrió en carne propia la represión en aquellos años.
Además de su secuestro, una de sus hermanas, Gladys Mabel, fue desaparecida en agosto de 1976; a su vez, su padre Pilar y su hermano José, fueron detenidos durante un tiempo en la comisaría de Punta Lara luego de ponerse en contacto con una amiga de Gladys; en otra ocasión las fuerzas militares irrumpieron violentamente en la vivienda familiar buscando a su hermano Marcelo, conocido popularmente como “El Loco Fierro”.
En la jornada del 29 de junio del 2023, Antonio declaró::
Estábamos por calle 1, después lo confirmé cuando jugó Gimnasia, porque se escuchaba a la noche los cantos de la hinchada… Estaba la cancha de Gimnasia ahí, había partidos y a la salida escuchábamos las canciones … por eso sabíamos que estábamos ahí… Después nos llevaban a un campo donde nos picaneaban…
A la declaración de Antonio se le sumó la de Julio Pino Cabezas, quien el 23 de noviembre del mismo año testificó saber dónde estaba por haber escuchado gritos de la hinchada, coincidentes con el empate 1 a 1 entre Gimnasia y Vélez, por la fecha 21 del Metropolitano 1976, el día 2 de junio:
… Ustedes me preguntarán cómo sabe que era 1 y 60 y caballería… nos dimos cuenta a los dos días porque justo había un partido de fútbol y gritaban en la cancha, no sé si de la cancha del Lobo…
A su vez, fue introducido por lectura la declaración que brindó Juan Carlos Arias en ocasión de presentarse en el Juicio por la Verdad:
Sabíamos que estábamos en 1 y 60 por el paso de la hinchada de Gimnasia que iba al Bosque…
De esta forma se evidencia la falsa normalidad que se vivió en aquellos años. Mientras la pelota rodaba en el Zerillo, a metros de la alegría en las tribunas, el Estado militar torturaba gente, entre ellos a hinchas y socios de nuestro Club. Hoy, cincuenta años después, lo sabemos con certeza.